A los 17 años ingresó en la Academia Musical Pezzini Stiattesi. Su maestro fue Alfredo Lázzari, que le enseñó que un artista tiene que ser libre.El libro que más influyó en su vocación fue "El Arte", del escultor francés Auguste Rodin, de allí tomó "que mi arte sea un reflejo de mi vida y de mi ambiente". Fue amigo de Juan de Dios Filiberto.A los 20 años, expuso en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro en La Boca. Abandonó su trabajo en el puerto. Su vocación era pintar. Envió periódicamente al Salón Nacional y sus obras eran siempre rechazadas. En 1914 participó del primer Salón de Recusados del Salón Nacional que marcó un hito en la historia de nuestro arte, presentó dos paisajes pero nadie le compró sus cuadros y tuvo que seguir dibujando retratos a la carbonilla a razón de 5 pesos o algunas pinturas que canjeaba por un café con leche. El trabajo escaseaba y un pintor no tenía mucho futuro. Conoció al director de la Academia Nacional de Bellas Artes, don Pío Collivarino, quien fue a ver sus obras, y sorprendido, lo elogió y le manifestó que La Boca había encontrado a su pintor.A los pocos días Eduardo Taladrid, Secretario de la Academia, decidió financiarle la compra de telas, pinturas, bastidores y marcos, y los costos de una exposición. Durante 18 meses Benito realizó 50 pinturas. Con ellas, en noviembre de 1918 inauguró su primera exposición en Galería Witcomb, vendió diez obras por un total de 5.000 pesos. La primera obra que se vendió la compró don Pío Collivadino.
En 1937 se inauguró el Museo de Bellas Artes de La Boca, con obras que adquirió a los más importantes pintores, incluso a aquellos que lo combatían y trataban de minimizarlo por celos, y donó una estupenda colección de mascarones de proa, por la cual le ofrecieron 150.000 dólares, para el Museo Naval de los Estados Unidos, y él lo rechazó. Continuó comprando terrenos vecinos y los donó para realizar la Escuela de Artes Gráficas y un lactario. Siempre se negó a que dichas instituciones lleven su nombre.Fue uno de los fundadores de la República de La Boca, de la cual era el "Gran Almirante de tierra y mar" y donde por su reglamento no se podía hablar de política sino únicamente de temas artísticos y espirituales.Falleció su madre y él sigue viviendo en la Escuela y Museo de La Boca. Creó la famosa "Orden del Tornillo", que garantizaba a los que la recibieran que nunca serían cuerdos, y siempre conservarían la genialidad. La Boca era Quinquela, allí únicamente él reinaba, y todos sabían que los ayudaría en sus problemas, fueran enfermedades, vivienda, sepelios, trabajo o simplemente dinero.
Tuvo la fama y el reconocimiento del pueblo, pero sus colegas y los intelectuales lo rechazaban, les molestaba el cariño de la gente que interpretaba como nadie su obra. En 1953 expuso en Witcomb, 60 obras con la serie "Nubes en el Puerto". La crítica lo castiga, pero cerca de 200.000 personas visitaron la muestra en 22 días y se agotaron 72.000 catálogos, vende 20 obras y la revista Time en Estados Unidos destaca el fervor de la gente. En 1958 encargó a una cochería su ataúd y lo pintó en su taller. Sostenía que los argentinos éramos "grises" pero que los artistas deberían estar siempre rodeados de color. También donó el "Instituto de Odontología Infantil", que atiende 800 niños todos los días.
“Crepúsculo en el Astillero”. 1929.
En este cuadro veo
cómo los obreros trabajan arduamente hasta el caer de la tarde, y lo ínfimos que se ven ante semejante construcción colosal. La acción, aparentemente, sucede en el Riachuelo, en La Boca, durante el crepúsculo, por eso el título de la obra. Esta obra me resulta cálido debido al cielo rojizo, pero a la vez me inspira un poco de desolación, tristeza y angustia, por lo deprimente que se ve el barco aun no terminado, sumado a lo secundario de las figuras de los trabajadores, que hace –inconscientemente- que me apenen éstos.
“Cementerio de Barcos”. 1953.
En este cuadro noto un barco desarraigado y destruido que yace en el Riachuelo. El fondo -una ciudad grisácea con fábricas e industrias asomándose- en mi opinión, acentúa la tristeza y depresión del cuadro ya que se opone a la escasa claridad que pudiera brindar el cielo luminoso, entonces, así, deprime más el panorama.
Al ver esta pintura, debido a la gama de tonos grises y opacos, siento abandono y soledad, pero a la vez el agua calma y brillante me inspira tranquilidad, y así interpreto el paisaje como un ambiente muy calmo y también triste.
Costanza Goldenberg Thiery 2ª 1ra
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